África. Un músico. Youssou N´Dour. Para quienes no lo conozcan diré de él que nació el 1 de octubre de 1959 en Senegal. En África es toda una eminencia, por encima de políticos y gobernantes, respetado y querido como nadie y todo gracias a su comprometida música que traspasa fronteras y le convierte en el artista más grande de la música africana.Ayudó al desarrollo de la música popular de su país, conocida en wolof como mbalax. Comenzó a actuar con 12 años y en poco tiempo se hizo muy popular. En 1979, formó su propio conjunto.
Ahora regresa con un nuevo álbum de estudio, Rokku mi Rokka, un disco en el que retoma su exitosa colaboración con Neneh Cherry y con el que quiere transmitir un mensaje muy claro al mundo, que “las raíces musicales de todas las músicas del mundo están en África”.
Rokku mi Rokka significa “dar y tomar”, una expresión con la que el cantante quiere expresar que África ha recibido mucho por parte del mundo desarrollado, “pero no hay que olvidar que África también ha aportado mucho al mundo”.
“Estilos como el reggae o el blues tienen sus raíces en los ritmos que los esclavos africanos llevaron a América” y que, siglos después, “los descendientes han traído de vuelta a África”, afirma N’Dour.
Para Rokku mi rokka, N’Dour vuelve a cantar en wolof, la lengua mayoritaria en Senegal, aunque también popular en otros países vecinos como Malí o Gambia.
De este modo, N’Dour escapa del monopolio lingüístico del inglés, algo que no le ha impedido que en 2004 ganara un Grammy por su álbum Egypt, así como tener admiradores por todo el mundo y convertirse en el cantante africano más reconocido del siglo XX.
El senegalés asegura que el secreto de su éxito es que es un gran “contador de historias”, muchas de las cuales se las transmitió su madre, aunque también ha sido necesaria una gran dosis de perseverancia, fuerza y vivir con el sentimiento “de que aún no se ha hecho lo suficiente y tienes que ofrecer más”.
También tendrá algo que ver al respecto, que los últimos 20 años de su vida los ha dedicado a la música no sólo por el amor a este arte y como fuente de ingresos para sustentar a su familia, sino también como vehículo con el que transportar al mundo desarrollado “esa parte de África que no se conoce”.
“Aún hoy hay muchas cosas que mejorar, consolidar aún más la democracia, buscar la mejor manera de convertirnos en un país desarrollado, y seguir sintiéndonos orgullosos de donde somos”
A pesar de ello, muchos jóvenes africanos siguen abandonando sus países en busca de un tierra prometida, pensando que “ir a Europa es divertido”. N’Dour les aconseja que no arriesguen sus vidas sin más “mientras no surjan nuevos derechos que garanticen viajar legal y libremente porque, si no, pueden perder demasiadas cosas por el camino”.
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