Amo profundamente Marruecos, su gente, sus montañas, sus paisajes me cautivan, sus ciudades andalusies norteñas, el Atlas en toda sus dimensiones, las ciudades costeras, el desierto del Sáhara y la magia de Errachidia, la costa atlántica. Todo me seduce. Su cultura musical, tamaweyt de tradición amazigh, la canción clásica, andalusí, chaabi. Su historia tan rica, dura y exquisita… por todo esto y mucho más a lo largo de todos mis viajes me parece que en varios aspectos especialmente de origen político y tal vez social necesitan más que una reforma.
La opacidad de las autoridades marroquíes, el majzén, el sistema judicial. La corrupción se mezcla y se infiltra de tal manera que resulta dificil ya separarla de las altas instituciones, empezando por el judicial.
Gravísima situación que pone a una bella sociedad de corte islámico y tolerante contra las cuerdas. ¿Por qué? porque desespera, arruina la moral de la juventud, provoca desaliento y escepticismo cuando no una desigualdad tan grande que resulta dificil de creer.
La idea que tenemos los “occidentales”de Marruecos todavía es un tanto romántica, envuelta en cierta bruma de primitivismo. Esto es bastante negativo pues hace que los turistas que viajen al Magreb tengan una relación preconcibida, contribuyendo al distanciamiento entre las personas.
Tenemos poca fe en el desarrollo de los derechos humanos en Marruecos, unos derechos humanos que a mi juicio en ningún modo deben de ser una copia de los occidentales, sino una búsqueda franca y sincera desde las instituciones, pero nunca traicionando al pueblo ni renunciando a su propio camino.
Traición es lo que en parte está sucediendo, aunque se aprecien algunos cambios, que no son suficientes en una sociedad que necesita de oportunidades e igualdad.
El islam puede ser importante en este aspecto pero quizás no suficiente, pues carece de creación y de oportunidad de expresión en un sistema monárquico ciertamente esclerótico y ahogado por una burocracia aplastante y corrupta.
Marruecos, su gente y muchos más en absoluto merecen la corrupción bestial e ineptitud de una parte importante de sus dirigentes.
Me resisto a creer que el destino de Marruecos va a estar cautivo en manos de gran parte de esta clase política.
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