Posteado por: rakelsalim | febrero 26, 2008

El Cairo: ciudad cosmopolita e indescriptible

La ciudad envuelve de modo fascinante por la omnipresencia de la civilización faraónica en museos y sitios originales, como las Pirámides y la Esfinge en Giza, y, a la vez, causa aborrecimiento por su suciedad, bullicio, anarquía urbanística y tráfico vehicular infernal.

El Cairo, Egipto, Mil Mezquitas

Pero la que muchos identifican como “la Madre del Mundo” o la ciudad de las mil mezquitas -justificada por el hecho de ser considerada la ciudad árabe más grande del planeta- sale siempre vencedora.

Como buscando clavarse en el cielo, los minaretes de las mezquitas distinguen la esencia islámica de Egipto, con regodeo de formas siempre empinadas y decorados, bajo los cuales cinco veces al día los fieles de Mahoma realizan sus rezos.

Los cristianos, coptos en gran número, también disponen de templos aunque en realidad menos llamativos.

 el cairo, egipto, pirámides

El Cairo, por demás, es terreno pisado por faraones, algo así como el mayor museo al aire libre del orbe, y por ello el país recibió en 2006 y comienzos de 2007 unos 9,8 millones de turistas, algunos de los cuales llegaron sólo para ver las pirámides y regresar el mismo día.

De hecho, ninguna civilización ha sido tan abordada en libros, filmes y estudios, al punto de generar una ciencia sobre sí: la egiptología, por lo que es casi un sacrilegio partir sin visitar las pirámides y el gran tesoro de Tutankamon, este último en el Museo Egipcio.

Se trata, en síntesis, de un escenario donde conviven más de 16 millones de habitantes con un eclecticismo arquitectónico que exhibe edificios modernos y vistosos en la zona de Heliopolis o Nuevo Cairo, y mugrientos y desvencijados en su centro antiguo.

vista de El Cairo, Egipto minaretes mezquitas

Amén de la indolencia humana, los moradores cuentan que el color ocre de la mayoría de los inmuebles en la ciudad es causado por el perenne polvo del desierto y la alarmante contaminación ambiental.

En la caótica circulación vial, aún con las modernas avenidas que permiten moverse por encima de la ciudad, son comunes los carros viejos y destartalados, carretas tiradas por burros, autobuses abollados por infelices peripecias de sus conductores y autos último modelo.

 

Pero la seducción más notoria de El Cairo se experimenta justo cuando comienza a ocultarse el sol y se iluminan sobre el Nilo y sus márgenes barcos con bares y restaurantes a precios prohibitivos para una mayoría que, aún así, se agolpa en los puentes para apreciarlos a distancia.

Y es que el Nilo, que divide al país, hace palpitar a los cairotas, los recién casados acuden a él para hacerlo cómplice de su unión, y muchos convierten en paseo nocturnal una parada sobre uno de los puentes que atraviesan su contaminado cauce.

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Si atractivo es para el visitante disfrutar de un espectáculo de danza del vientre en una discoteca u otro centro nocturno, placentero es para el cairota -sobre todo hombres- beber en un bar té, jugar una partida de “bagamon” y fumar shisa o narguile (pipa de agua).

Para los supersticiosos, El Cairo posee un embrujo indescifrable, pero lo cierto es que, al margen de credos e imaginerías, la cuna de los faraones se afinca en los recuerdos por la hospitalidad de su gente, que comparte con orgullo una exclusividad histórica estupenda.

Visto en wanafrica

 

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